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Entrada del navegante:
He observado constantemente la estrella y hoy corroboré mis creencias sobre el poder de la naturaleza y las leyes inquebrantables que la rigen. Era la estrella de menor tamaño, casi sin luz, parecía que moriría. Alrededor, otras estrellas brillaban intensamente, llenas de luz; sin embargo, la pequeña estrella con trabajos tintineaba.
El tiempo pasó y la estrella creció, concentrada en su núcleo, se desarrollaba, aprendía de las demás y ligaba todos sus esfuerzos hacia un mismo fin: "Ser la estrella más brillante para ayudar a las demás". Así fue, las demás estrellas llegaron a un punto máximo de crecimiento, de intensidad. No así para mi estrella, ahora sabía cómo crecer consistentemente, conocía el sistema de desarrollo. El día llegó, las estrellas casi se apagaban, algo ocurrió: la sabia estrella irradió tal cantidad de luz que contagió a las demás, las motivó. Ellas volvieron a brillar.
El punto fino es que cuando creces consistentemente, tarde o temprano cosechas los frutos de ese crecimiento, consigues tu "paraqué vital", tu razón de existir, tu propósito de vida.
La naturaleza es justa. Y con el tiempo, ganarás.
Víctor Suárez
Coach en Grandeza Personal |
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